Dinamita en los ojos.

Te escribo para avisarte que durante tu vida, vas a destrozar todo cuanto quieres un millón de veces.

Que andarás por caminos equivocados, en busca de piedras con las que has tropezado cientos de veces, y no aprenderás la maldita lección, de que la piedra no te merece.

Que por mucho que encuentres personas que te quieran y te protejan, nadie, salvo tú mismo, vas a poder vencer a tus fantasmas.

Tendrás que asomarte debajo de la cama y apuñalar tus miedos o abandonarlos en cualquier esquina para que busquen a otra víctima.

Vas a amar hasta que duela, y pensarás que el amor es justo lo contrario a lo que te habían contado, y te preguntarás cómo cabe tanta ira en un sentimiento, que, debería ser igual de bonito que el propio paraíso.

Pues, sí, encontrarás ese paraíso, lo abrazarás como quien abraza a un ser querido en la zona de llegadas del aeropuerto, y lo cuidarás con el miedo perpetuo a que se rompa y te arrastre con él.

Pero de lo que nadie te avisó es que hay pocas cosas en esta vida eternas, y que todo lo que amas acaba por sacar sus púas, pero aun así, merecerá la pena haberlo intentado.

No temas, afortunadamente todos nos equivocamos tantas veces como acertamos y nos sacudimos a nosotros mismos los errores que nos pertenecen.

También van a fallarte aquellos que te han dado la vida y tendrás que hacer profundos ejercicios contigo mismo para perdonar a dos personas que piensas que no tienen ningún derecho a decepcionarte, pero que, pese a su condición de padres, son tan humanos como tú.

Habrá días que te levantarás con ansias de comerte el mundo, de hacer tu propia revolución, y cambiar todo aquello que no consideras justo.

Apuesta por tus ideales, que son más valiosos que la mayor de las fortunas. Y los días en los que te despiertes y te abrume el hecho de pisar el suelo, recuerda que la tristeza, forma parte de esta vida que, a veces, es muy puta, y trata mal a los que menos lo merecen.

Pero pasará, y seguro que en el teléfono, hay un contacto dispuesto a matar monstruos por ti y salvarte de esa tristeza de hoy.

Dinamita en los ojos.

 

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Voces que son puñales.

Hay voces
que no se van nunca.
Que se quedan a vivir,
a tu lado,
para siempre jamás.

Hay voces que se pegan,
como un abrigo de primavera,
a tu piel
y ahí, echan raíces
de palabras y flores azules.

Hay voces que se anclan en tu cintura
como el que se pierde,
y encuentra en el ombligo
el mejor escondite
donde comer chocolate.

Hay voces que te matan
cada vez que las escuchas.

Que te curan,
como el beso sobre la herida.

Voces que te desnudan el alma
aunque no te digan nada.

Que te erizan la piel y la mirada,
con cada palabra.

Voces en las que te quieres quedar
a vivir,
como el que encuentra
un planeta inhabitado.

Hay voces hechas con palabras y colores
con tierras y océanos
con sirenas y piratas.

Voces que son canciones.

libros, películas, viajes,

olores, sabores,

idiomas, amores.

Voces que son puñales.

Y poemas.

Sexo. Placer. Noche.

Desayuno y risas.

Voces de las quieres huir
y siempre van contigo.

Hay voces que enamoran a tu alma,

a tus sábanas,

a tu locura.

Para todas las vidas.

@rosavidalross

La ropa interior de sus palabras.

Primero se enamoró de su caos,

y de su infierno a prueba de cielos,

de sus catástrofes,

de su campo de minas.

De sus heridas de guerra

y de sus cicatrices

de sus desvelos.

Primero se enamoró,

de sus monstruos,

de su barco sin rumbo,

de su tierra de nadie.

De las serendipias,

que nadie entiende,

de sus lobos con piel de cordero

de su inmarcesible locura

y su insaciable deseo por todo.

De la ropa interior de sus palabras,

del sexo de su mirada,

del color de su voz.

De las fábulas escondidas en su falda.

De sus imperdonables mentiras.

De su lado más canalla.

Y después,

solo después,

se enamoró de su piel

del sabor de sus palabras

de la trampa de sus sábanas.

Para entonces

ya era tarde,

muy tarde…

De ese trocito de mapa,

no se regresa jamás.

Y él no regresó.

Rosa Vidal Ross.

El Escondite.

Querido amor:

Cuando pequeña era soñaba con encontrarte algún día, o que tal vez, tú me encontrarías a mí. Sabía que antes o después, eso dejaría de ser un sueño y se convertiría en realidad.

Pasaron los años, y he ido descubriendo que existen tantos amores como personas hay en el mundo y tantas formas de amar como historias se suceden cada segundo de nuestra vida.

Y todas pueden ser tan de verdad o tan de mentira, como uno quiera.

Te he de reconocer, que muchas veces me he perdido y no he sido capaz de localizarte, como tampoco he sido capaz de averiguar porque vestimos con disfraces a algunas relaciones, que nos hacen infelices, y a pesar de ello, las guardamos como un tesoro.

Qué es lo que pasa dentro de nosotros, cuando dejamos de querernos tal como necesitamos y merecemos.

Te escribo y no sé si me leerás, como tampoco sé si me entenderás, aunque creo que no hay momento más sencillo y valioso que ese, donde llegamos a comprender que nadie nos puede dar aquello que uno mismo no sea capaz de darse a sí mismo.

Que no puedes esperar amor si no eres capaz de amarte.

Es una regla tan simple como efectiva.

Así, mi querido amor, todos en algún momento de nuestra vida, te andamos buscando, o esperando que seas tú quien lo haga por nosotros. Te hablamos, maldecimos y odiamos.

Te adoramos, mentimos y negociamos.

Te descubrimos, veneramos y amamos.

Te intuimos, olfateamos y sucumbimos de lleno en tus brazos.

Nos hacemos adictos a ti.

Asaltas nuestra cama a la misma velocidad que lo haces en nuestra alma.

Quería decirte, por si andamos jugando al escondite, que he decidido dejar que me encuentres.

Voy a dar la cara y también el corazón.

No voy a esconderme más por miedo a que me lo rompan; a que no seas lo que espero, y no voy a esconderme por temor a sufrir decepciones, o que no se cumplan mis expectativas.

Por miedo al dolor.

Voy a dejar que conozcas también mis demonios por si acaso te apetece compartir mi infierno, un ratito. Porque allí también hay parte de mi alma.

He comprendido que el que gana en el escondite no es aquel que mejor se esconde y nadie encuentra…

Sino aquel que habiendo encontrado el mejor sitio para ocultarse, sale a la luz del sol a divertirse, a reír, a compartir la verdadera magia de los “encontrarnos”.

El que se arriesga y salta.

El que ama sin garantías de que le amen.

Hasta siempre, mi querido amor.

Ven, y si no me encuentras, tienes permiso para llegar hasta mi escondite…

Tú lo conoces bien.

Por si te apetece que juguemos juntos.

Rosa Vidal Ross

Cuando nuestras locuras, ser aman.

La vida está para dar amor y cuidar de los buenos amigos.Tener aventuras que nos descubran experiencias maravillosas, bañarse a la luz de la luna, mantener la capacidad de asombro y descubrimiento en cada instante que vivímos. No dejar de luchar nunca por aquello en lo que creemos. Perder la cabeza por alguien, cuando descubrimos que nuestra locura y su locura, se aman. Y sentir que el triunfo puede ser, llegar al final del día despeinado y con “ese brillo” tan especial en la mirada.

Rosa Vidal Ross.

La imagen puede contener: cielo, exterior y agua

“Era de tacones altos en días bajos”

Va corriendo de una lado a otro, con el pelo y el bolso desordenado. Su voz siempre te cuenta historias; de esas, que al escucharlas, te hacen viajar hasta el país más pequeño y secreto en el mapa de tu corazón.

“Era de pintalabios rojo en noches negras, de tacones altos en días bajos y de sonrisa amplia en días pequeños”

Sabía que era más feliz dedicándose toda una vida a algo que le apasionara, aunque no llegará a fin de mes, que pasar un solo instante de sus días, trabajando únicamente, por dinero.

Era consciente de que todo le costaría más que al resto, y que que al final lo conseguiría. Aprendió a disfrutar de su incoherencia, esa, que le hacía cambiar, aprender y crecer. Perdonar, soltar y querer.

No entendía su mundo sin amor, el propio y el de los demás. Porque el amor, decía, “siempre está naciendo”.

Y siguió caminando calle arriba, con su sonrisa de noviembre. Con el pelo y el bolso desordenados.

Sus pasos dejaban huellas, no cicatrices.

Rosa Vidal Ross ©Copyright

Me han crecido alas en las cicatrices.

Me han crecido alas en las cicatrices y en mi voz ha plantado semillas, la esperanza. Nazco cada noche en ciudades, que aún no han despertado y se que el amor viajará siempre conmigo.

Detrás de mi sonrisa viven lágrimas y con ellas he aprendido a bucear, porque en la profundidades también viven pájaros que han aprendido a nadar.

En el azul del cielo, han construido peces azules sus nidos y el viento juega con mi vestido, mientras yo lo engaño, él me hace volar.

Entonces leí: “Cuando ella se transformó en mariposa las otras orugas no hablaron de su belleza, sino de lo rara que estaba. Querían que volviera a ser como antes pero ella ahora tenía alas.”

Rosa Vidal Ross

Mi fantasía textual es que me comas. Y punto.

Pasamos la vida escribiendo y nos olvidamos de borrar, a pesar de que la mayoría de los lápices llevan una goma para ello.

No es imprescindible, tan solo es una opción.

Llenamos hojas de historias que son de otros, de otras vidas, y olvidamos que la nuestra, también es importante, especial y única.

Hacemos planes de futuro de cosas que, tal vez, nunca llegarán o nunca viviremos; y en esa carretera olvidamos, de lo que un día quisimos ser y donde quisimos estar.

Dejamos de creer en el amor, solo porque un día nos hicieron daño, y en ese dolor, se quedaron las letras de nuestra canciones.

Y así, vamos dejando escapar los momentos y con ellos la vida….

Cómete las letras de cada historia, las hojas donde escribes la tuya.

Los puntos suspensivos y las interrogaciones.

La letra pequeña y los efectos secundarios.

Cómete el lápiz y la goma de borrar.

Y deja que las cosas ocurran; que todo fluya.

Que lo inimaginable pueda ser.

Que la espléndida e incoherente locura que vive dentro de ti, sea el mejor texto que jamás escribas.

Emborráchate de realidad.

Pero no olvides invitar a cada uno de tus sueños, a recorrer el camino.

Sin ellos, la historia es otra.

Rosa Vidal Ross Copyright

Se “hierba buena” o “mala hierba”. Pero se, lo que te de la gana ser.

Se “Hierba buena” o “Mala hierba”, plantate donde quieras florecer, pero no te conviertas en el jarrón más bonito de la vitrina, aunque la tentación sea fuerte. Enseñales las curvas de tu inteligencia y la sensualidad de tu audacia, y si quieres después, les enseñas tu piel. Pero solo, si tu quieres…

Muéstrale al mundo hasta donde eres capaz de llegar por ti misma y si quieres, más tarde, les dejas ver las pecas de tus mejillas. Se flor, siembra o cosecha; se hierbajo, rastrojo o semilla – por decidir en qué convertirse-, pero no te transformes en la mujer “maquillada” que los demás esperan, si lo que te hace feliz es ir despeinada por la vida. Pero solo, si tu quieres…

Rómpete en tantos pedazos, que más que trozos, sean polvo de estrella, porque de ese viaje, te volverás a recomponer… y no imaginas la luz que desprendes, cuando “mudas la piel” del alma. Pero solo, si tu quieres….

Vuela y no dejes de mirar abajo, para recordar quienes cosieron cada una de tus alas; los mismos que te dijeron, que “si querías, podías”, porque ellos, estarán esperando por ti cada vez que necesites “repostar alas”. Pero solo, si tu quieres…

Se la persona que quieras ser. Ve donde quieras ir. Descubre todo aquello que la vida te ofrece y nunca dejes de quererte. Se quien te de la gana ser.

Pero solo, si tu quieres…

Rosa Vidal Ross.

 

 

Mágicas.

Pasaba la vida y creía que no existían personas “mágicas”, esas, que cuando te atraviesan, lo hacen para siempre. Me hicieron creer que son producto de nuestra imaginación, de los libros; que son historias que cuenta la gente, simplemente…

Mi padre me contaba que cuando las tuviera frente a mi, sabría reconocerlas de inmediato, y que no dudaría un instante, en dejar que me envolvieran con su luz.

No sabría explicar bien porqué tienen esa capacidad extraordinaria para captar e intuir cosas que para los demás, pasan inadvertidas. Como tampoco puedo explicar porque razón a su lado, te sientes a salvo y protegido.

Ahora se que son reales, que se visten de normales, y que intentan pasar inadvertidos. Se que hay algo en su mirada que te atrapa; algo en su voz que te engancha; algo en su sonrisa que te enamora. Hay algo en su alma que hechiza y cura las heridas.

Ya nadie podrá decirme, que esas personas mágicas no existen…Yo me las encuentro cada día.

Rosa Vidal Ross Copyright 2017