Las mejores historias.

A veces lo mejor de las historias no es lo que sucede en ellas o el final, sino la exquisita forma que tienen las personas de interpretar la realidad, cada cual la suya propia. Al final, siempre nos salva la memoria del corazón, que borra los malos recuerdos y los deja en el pasado como un barco a la deriva. Escribo historias y eso no me llena de luces y virtudes, quizá lleve a mis espaldas más infiernos y sombras que otros, y de ellos he aprendido que no hay nada que me llene más el alma, que dejar lo mejor de mí en cada persona que cruza mi vida. Con cada estrella que dejamos en el corazón de los demás, nos convertimos en seres irremplazables, únicos e inolvidables.

Rosa Vidal Ross.©Copyright 2016

Cuando llega el sombrero.

Y entonces… él, prometió que siempre estaría esperando por ella, y aunque tuviese que esperar toda la vida, desde cualquier lugar del mundo, y sin necesidad de tenerla, la cuidaría. Porque para amarla, nunca fue necesario tenerla, ni para sentirla cerca fue imprescindible tocar su piel. Ella, respiro y mirando al cielo pensó… A veces, cuando llega el sombrero, ya no está la cabeza.
Rosa Vidal Ross ©Copyright 2016

Viajeros.

Sonreír ante cosas que nos molestan y nos hieren, tiene un efecto especial y hace que dejen de tener poder sobre nosotros. Todos viajamos, a veces, en sólo unos centímetros y otras a través del mundo entero, y en ese viaje, nos “encontramos” unos con otros, y de alguna forma nos “tocamos”. Cada uno lleva en su maleta, su propio infierno, y también su lado oscuro. Y eso nunca nos da derecho a juzgar a nadie. Prueba antes a caminar con sus zapatos y a recorrer su historia, tal vez así descubras, que detrás de cada mirada, se esconde una maravillosa eternidad por descubrir.

Rosa Vidal Ross ©Copyright 2016